Fionn solía pensar que no hay mal que por bien no venga…
Sus ojos azules, cansados. Su vestido rojo. Su vestido azul. Alguien que se aleja con prisa. Alguien que se acerca despacio. La luna azul. Todo azul como el cielo sin nubes. Fionn se mira desde afuera respirar profundo, sonreír. Una onda de relax desciende desde la cima de su cabeza y resbala por sus orejas. Es esa sensación como en aquel juego de cascar un huevo suavemente sobre la coronilla.
Una ventana, un árbol, un auto, su mascota que duerme, su mascota que observa por la ventana, su mascota que le mira desde su pelaje pardo flanqueado por blanco ceniza. Fionn se despierta con la frente apoyada sobre las manos en la mesa. No recuerda su sueño.
La lavadora está centrifugando la luminosidad de la mañana, que se torna en ondas de agua sobre el tejado rojo. Ahora nada es fácil, no que todo sea difícil, pero demasiadas cosas hacen que Fionn arquee sus cejas y su corazón palpite salvajemente. A menudo vuelve a la calma cuando piensa en Margot.
Fionn solía pensar que no hay mal que por bien no venga, pero ahora cree que no hay bien que el mal no haga, y justo la semana pasada llamaron a Margot para reincorporarse a su trabajo en el hospital.
Por Mar Martínez Leonard
Imagen de Carol Kramberger (editada por Galileo Contreras)
Her blue eyes, tired. Her red dress. Her blue dress. Someone walking away in a hurry. Someone approaching slowly. The blue moon. All blue like a sky without clouds. Fionn sees himself from the outside breathing deeply, smiling. A wave of relaxation comes down from the top of his head and runs down his ears. A sensation like in that game of gently cracking an egg on the crown of your head.
A window, a tree, a car, his pet that sleeps, his pet that looks out the window, his pet watching from its brown fur flanked by white ash. Fionn awakens with his forehead resting on his hands on the table. He doesn’t remember his dream.
The washing machine is spinning the morning light that turns into water waves over the red roof. Lately nothing has been easy, not that everything is difficult, but too many things make his eyebrows rise and his heart pound wildly. Fionn often calms down when he thinks of Margot.
Fionn used to believe there´s no evil that doesn´t bring good, but Fionn now believes there´s no good that doesn´t bring evil, and it was just last week when they called Margot back to work at the hospital.
Mar Martínez Leonard (text and translation)
Photo: Prague houses, Eva Serna – edited by Galileo Contreras
Con eso de que los últimos serán los primeros, no es poco decir; en lo fundamental ni el primero ni el último (como yuxtaposición) ya que desde una perspectiva nihilista, solo la nada prevalece, pero decir nada es todo, y entre el todo y la nada surge la creación, el giro del timón, la variable, la incógnita, el estupor.
La situación es extremadamente grave. Las opulentas industrias contaminan la vida con los crímenes de su codicia…
Por Antonio Arjona
La situación es extremadamente grave. Las opulentas industrias contaminan la vida con los crímenes de su codicia. La muchedumbre desayuna tinta verde y servidumbre. El cielo es ocupado por la noche eterna coronada por una luna grande y escarlata. El viento, envenenado hasta quedar paralizado. Tan solo, en los bosques, la maleza es presa de un movimiento animal, convulsivo y continuo, el feroz instinto que se abre paso a dentelladas entre los escombros del presente.
Mares y océanos son dominados por el plomo y la pólvora de innumerables guerras. La tierra, yermos en los que se siembra el hambre y la desgracia. Cada ciudadano arroja al medio ambiente y contra sus semejantes de tres a cinco kilos de basura diarios. Las drogas, ya no son un estímulo para la imaginación o una forma de indagar en el alma, sino auténticas sustancias letales. El amor es un personaje que balbucea en las tramoyas de Hollywood. El sexo se vende enlatado en exclusiva para anoréxicos y bulímicos. Los libros fulgen en las inquisitivas hogueras de los cobardes. Los museos son convertidos en sombríos almacenes que albergan la obra atroz o pusilánime de los hijos de la debilidad y la vileza. Durante un tiempo la música resiste a los tiempos esquilmados, pero al final tan solo es mero chisme que circula de boca en boca. La indiferencia se estructura como máquina infalible contra todos y contra todo. El trabajo es una broma cruel de los dioses de la riqueza y el desprecio. Hombres y mujeres olvidan el lenguaje de las manos y del valor. Los niños se arrojan a los acantilados del terror con lápices rotos en sus incipientes manos. Los cuadernos mojados navegan a la deriva en las sacramentales aguas de las pilas bautismales, donde se lava las manos la infame providencia.
Nadie sabe, quién o qué gobierna el mundo, ni siquiera se vislumbran las máscaras del tirano. Las fronteras se edifican con acero y hormigón, con odio y miedo, por los obreros que obedecen a las fantasmagorías del capitalismo amable y a los traidores de la libertad. El cerebro es constantemente vigilado por la desoladora ignorancia desde los panópticos del poder. La voluntad, tose y escupe sangre, enferma por la total e irreversible ausencia de imaginación.
Un hecho posterior contribuye a que la situación se resuelva. Una atávica maldición de ancianas borrosas, acerca de dos gotas de agua adiestradas para la destrucción por el poderoso rayo de la tormenta final, cobra realidad. Una gota cae transparente y mortal, y el mundo queda hecho añicos. La otra, cargada de furiosas fuerzas barre la ruina. Todo es silencio, forjado por el brazo de hielo de la muerte. En las arrasadas mesetas del futuro deambula Prometeo con una cruz de ceniza en la frente.
El Valle de Mo. Durante las crecidas del capitalismo.
Primera fotografía: La Tierra atrapada en una gota de agua, Markus Reugels
Segunda fotografía: rabian_640
By Antonio Arjona
The situation is extremely serious. Wealthy industries pollute our lives with the crimes of their greed. The crowd eats green ink and servitude for breakfast. The sky is occupied by an eternal night, crowned with a scarlet full moon. The wind is poisoned until paralyzed. Solely, in forests, weeds are prey to convulsive and continuous animal movement, the fierce instinct that bites its way through the rubble of the present.
Seas and oceans are dominated by lead and gunpowder from innumerable wars. The Earth is a wasteland where hunger and misfortune are sown. Each citizen throws three to five kilos of garbage into the environment and against their peers daily. Drugs are no longer a stimulus for the imagination, or a way of inquiring into the soul, but real lethal substances. Love is a character that babbles in Hollywood plots. Sex is sold in cans, exclusively for anorexics and bulimics. Books glow in the inquisitive bonfires of cowards. Museums are turned into gloomy warehouses that shelter the atrocious or cowardly work of the sons of weakness and vileness. For some time, music resists these depleted times, but in the end, it is just a mere gossip that circulates by word of mouth. Indifference is structured as an infallible machine against everything and everyone. Manpower is a cruel joke of the gods of wealth and contempt. Men and women forget the language of hands and courage. Children throw themselves off the cliffs of terror with broken pencils in their fledgling hands. Wet notebooks drift in the sacramental waters of baptismal fonts where the infamous providence washes hands.
Nobody knows who or what rules the world, not even the masks of the tyrant are glimpsed. Borders are built with steel and concrete, with hatred and fear, by workers who obey the phantasmagorias of amiable capitalism and the traitors of freedom. The brain is constantly being watched by bleak ignorance from the Panoptics of power. The will coughs and spits blood, sick from the total and irreversible absence of imagination.
A later event contributes to the situation being resolved. An atavistic curse of some blurred old women, about two waterdrops trained for destruction by the powerful lightning of the final storm, comes true. A waterdrop dribbles, transparent and deadly, and the world is shattered. The other waterdrop, charged with furious forces, sweeps away the ruin. All is silence, forged by the icy arm of death. Prometheus wanders with a cross of ash on his forehead on the scorched plateaus of the future.
The Valley of Mo. During the floods of capitalism.
La tierra del blues quedaba a cuatro horas de allí. Había cargado el coche de provisiones y se disponía a cruzar el puente que le llevaría al otro lado del lago, sobre el túnel hacia Costa Esmeralda. Iba de vacaciones, aunque desearía no regresar a la ciudad de la furia. El temor en las caras de la gente y la luz del sol, que tanto le molestaba sobre la espalda, emanaban de las terrazas desiertas. No podía esperar su llegada al lugar donde todos conocían su nombre, y ya en la noche bluesiana, desplegar sus alas sin miedo al alba.
La terra del blues era a quattro ore di lì. Aveva caricato la macchina con le provviste e uscirei verso il ponte che la porterebbe attraverso il lago, sopra il tunnel fino a Costa Smeralda. Stava andando in vacanza, sebbene preferisse non tornare nella città della furia. La paura sui volti della gente e la luce del sole, che tanto la infastidiva sulla schiena, emanavano dalle terrazze deserte. Non vedeva l’ora di arrivare nel luogo dove tutti conoscevano il suo nome, e già nella notte bluesiana, spiegare le sue ali senza paura dell’alba.
The land of the blues was four hours away. She had loaded the car with groceries and was about to cross the bridge that would take her across the lake, over the tunnel to Emerald Coast. She was going on vacation, although would rather not returning to the city of fury. The fear on people’s faces and the sunlight, which bothered her so much on her back, emanated from deserted terraces. She couldn’t wait to arrive to the place where everyone knew her name, and already in the bluesian night, display her wings without fear of sun rising.
Todo se había tornado gris en el Sector Oeste de la ciudad. No había nadie en sus avenidas, que ahora eran transitadas por un ser alado de proporción colosal con cabeza de león y patas de halcón, de sus fauces escapaban estentóreos rugidos. Este León Alado había robado los días del Sector Oeste, dejando a su gente atrapada en las tinieblas.
La pequeña Muriel deseaba fervientemente ver la luz del sol, si bien sólo divisaba oscuridad desde hacía ciento cincuenta días. Ahora era aprendiz de ángel, aunque eso de poco le servía. Con mucho miedo y precaución, Muriel se acercó a la ventana de su cuarto y rompió a llorar.
Pero, tras mirar afuera de nuevo, vio maravillada cómo sus lágrimas aumentaban de tamaño y se elevaban luego hasta el cielo para empapar las alas del León, que detenía su vuelo maléfico y caía desplomado sobre el asfalto azul de la autovía vacía.
Everything had turned gray in the west end of the city. There was nobody on its avenues, that were now transited by a winged being of colossal proportion with the head of a lion and the feet of a hawk. From its jaws, raucous roars escaped. This Winged Lion had stolen the days from the West End, leaving its people trapped in darkness.
Little Muriel fervently longed to see the sunlight, but there had been only darkness for a hundred and fifty days. Now she was an angel´s apprentice, although this was of little use to her. With great fear and caution, she approached the window of her room and began to cry.
But after looking outside again, she saw in wonder how her tears grew in size and then rose to the sky to soak the wings of the Lion, who stopped his evil flight and fell, collapsing against the blue asphalt of the empty highway.
Brandy llegó desde Jerez a caballo y cubierta de flores. Su compañía anticipaba con agrado el viento de levante. Pletórica de siglos de historia, Brandy vertió sus pasos descalzos de humildad en una copa de cáliz lúcido. Después, se vistió de música. Y ya entre notas de madera de roble y ecos flamencos, Luis abrazó la copa, bebiéndosela lentamente, a sorbos, con mucho hielo.
Image: Anthea Adams
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By Mar Martínez Leonard
Brandy arrived from Xerez on horseback and covered with flowers. Her company pleasingly foresaw the East breeze. Bare of humility and plethoric with centuries of history, Brandy poured her steps into a lucid cup glass. Next, she dressed in music. And between notes of oak and flamenco echoes, Luis held the glass, drinking her slowly, sip by sip, with lots of ice.
Yo tenía los ojos en esa foto de niño como los ojos vidriosos de un toro entristecido, como solo en la tierra tenía yo los ojos en esa foto en la que mi madre clavó dos alfileres con la finísima delicadeza de una campesina; que queriendo huir se quedó allí cuidando mi alma tanto tiempo que envejeció sin cambiar sus prendas interiores, como animal atado a un árbol envejeció mi madre, yo la miraba con los ojos vidriosos de haber llorado mucho, sola como una baliza olvidada en medio de las aguas.
Yo le tejí un vestido oscuro para su viudez y lloré con ella sin saber a quién por los muertos de la casa, en la casa donde no había muerto gente alguna, yo le leí Job Treinta y ella tornó su cara hacia la luz y se fue yendo como una niña de regreso a casa con los ojos vidriosos de haber llorado mucho.
Yo he llorado a mi madre y ciertamente he llorado al que tuvo un día duro por igual, una vida dura, le he llorado públicamente como un hombre, como un hijo enfermo, mas ella andaba como buscando alguien o algo olvidado en la vasta región de su memoria, no me miró, no me maldijo o dijo nada y entró riendo para siempre en los cuartos interiores de la muerte.
————————— Del poemario Cazadores de la sombra del ave/ Imagen de Polly Chan
Sobre el autor
Adalberto Guerra (Ad. Guerra). San Antonio de Cabezas, Matanzas, Cuba 1967. Reside en Palm Beach, Florida, desde 1994. Poeta, narrador y periodista. Editor de “La Cohoba Magazine” publicación bilingüe que culminó en 2018 después de cinco años. Ha publicado El Desierto que canta (Endowment for Cuban American Studies 1994-Ant. de Poesía), Reunión de ausentes (2001-Ant. de Poesía), Cazadores de la sombra del ave (2009-Poesía), En el lenguaje lascivo de los perros (2010-Cuentos) disponible en Amazon.
By Adalberto Guerra
I had my eyes on that photo as a child like the glassy eyes of a wistful bull, like only on the land I had my eyes on that photo in which my mother nailed two pins with the very fine gentleness of a peasant; who, trying to escape, stayed there taking care of my soul for so long that she aged without changing her underclothes, like an animal tied to a tree my mother aged. I watched her with glassy eyes after having cried much, lonely like a forgotten buoy in the middle of the sea.
I knitted her a dark dress for her widowhood and I cried with her without knowing for who for the dead of the house, in the house where no one had died, I read her Job Thirty and she turned her face to the light and she was going like a girl back home with glassy eyes after having cried much.
I have cried for my mother and I have certainly cried for the ones who had a tough day alike, a tough life, I have cried for her in public like a man, like a sick son, but she walked as if looking for someone or something forgotten in the vast region of her memory, she didn’t look at me, she didn’t curse me or say anything and she entered laughing forever the inner rooms of death.
————————— From the poetry book Cazadores de la sombra del ave/ Image: Natacha Einat/ Translation: Mar Martínez Leonard
About the author
Adalberto Guerra (Ad. Guerra). San Antonio de Cabezas, Matanzas, Cuba 1967. He resides in Palm Beach, Florida, since 1994. Poet, storyteller and journalist. Editor of ‘La Cohoba Magazine’ bilingual publication that culminated in 2018 after five years. He has published El Desierto que canta (Endowment for Cuban American Studies 1994-Poetry Anthology), Reunión de ausentes (2001-Poetry Anthology), Cazadores de la sombra del ave (2009-Poetry), En el lenguaje lascivo de los perros (2010-Stories) available on Amazon.