Un hombre ordinario – AN ORDINARY MAN

Por Mar Martínez Leonard

Despertó, exactamente igual que cualquier otro hombre ordinario que se despierta. Exactamente igual que cualquier otro hombre ordinario, se vistió, y, tras vestirse, se sentó cerca de la ventana. Mientras pensaba, contemplando el cielo, en lo triste que es perder a un amigo, la guerra o morir solo en un hospital, se desencadenó una tormenta. Una niña que esperaba frente a la puerta de un colegio rompió a llorar, un perro ladraba.

Al principio no era consciente de lo que le pasaba: comía, dormía, amaba, vivía, igual que hacen otros hombres ordinarios. Sólo después de varios episodios singulares empezó a sospechar que le sucedía algo anormal. Primero, notó que había algo que lo llamaba a mimar a los enfermos y a los ancianos. Luego desarrolló, poco a poco, un agudo sentido del bien y del mal, siendo ambas cosas indivisibles e inexplicables, pero absolutamente evidentes para él. Por último, su personalidad empezó a cambiar, desintegrándose en varias personalidades a la vez o en ninguna, esto es, haciéndose versátil mas nunca igual.

Y a medida que era consciente de ello fue perfeccionando, encarrilando su uso. Así, tocando en el cuello o en la cabeza, conseguía aliviar la locura, la enfermedad de Alzheimer, el cáncer de piel o de huesos, la artritis y otros males degenerativos. Soñando, podía predecir acontecimientos futuros. Sus manos no curaban, mas transmitían una energía que calmaba el dolor y fortalecía el espíritu. No era un adivino tradicional, sino que veía en los sueños situaciones concretas de la vida diaria que estaban por suceder. Por otra parte, el hecho de saber lo que iba a ocurrir lo hacía desdichado.

Durante algún tiempo, su salud mental se deterioró. Estaba triste y aislado, las horas transcurrían lentas: parecían haber quedado encerradas dentro de las paredes de su casa. Buscó, desesperado, compañía. Entonces se le ocurrió que debía adoptar un gato.

La cosa funcionó: hablaba con él, le hacía cucamonas, lo alimentaba, y dejó de tenerle miedo a la soledad. Después de aquello, volvió a ser una persona equilibrada. Más aún, aprendió a beneficiarse él también de su propia energía, ésta se convirtió en una espiral que iba y volvía, dentro de un juego donde ya no se sabía quién daba y quién recibía.

Muchos aseguraban haber oído al gato maullar en la oscuridad en las noches de luna nueva, decían que se trataba un animal muy sensible, que podía sentir la presencia de almas en pena que cruzaban desorientadas la casa. Otros decían que, además de los vivos, antepasados muertos se habían instalado allí para siempre, atraídos por la buena energía que fluía en ella. Lo cierto es que, cualquiera que entraba por la puerta experimentaba inmediatamente bienestar físico y paz de espíritu.

Pasó el tiempo, nuestro hombre ordinario tenía ahora cuarenta y dos años. Su vida giraba alrededor de un servicio de prensa internacional más o menos importante para el que trabajaba, su afición a la lectura y su gato. No había nada sobresaliente en su pasado, excepto el haber ayudado a cientos de personas, muchas de ellas ahora curadas, a sentirse mejor. No estaba casado ni había tenido hijos, sin embargo, era feliz.

Como un camaleón envejecería y se haría invisible hasta el final de su vida. Al fin y al cabo, la naturaleza humana es ambiciosa y de ninguna manera pensaba que alcanzaría nunca todo lo que deseaba.

Imágenes: (1) Autor desconocido (2) Nida

By Mar Martínez Leonard

He woke up, just like any ordinary man who wakes up. Just like any ordinary man, he dressed, and after dressing, he sat near the window. While contemplating the sky, he was thinking about how sad it is to lose a friend, to go to war, or to die alone in a hospital. A storm broke, a girl who was waiting in front of a school-gate burst into tears, a dog was barking.

At first he was not aware of what was happening to him: he ate, slept, loved, lived, just like other ordinary men. Only after several singular episodes did he begin to speculate that something abnormal was happening to him. First, he noticed there was something that called him to pamper the sick and the elderly. Then, little by little, he developed a keen sense of right and wrong, both of which were indivisible and inexplicable, but absolutely evident to him. Finally, his personality began to change, disintegrating into several personalities, or into none, this is, becoming versatile but never the same.

And, as he became aware of it, he perfected it, directing its use. Thus, by touching the neck or the head, he was able to alleviate madness, Alzheimer’s disease, skin or bone cancer, arthritis and other degenerative diseases. When dreaming, he could predict future events. His hands did not heal, but transmitted an energy that calmed the pain and strengthened the spirit. He was not a traditional seer, but saw in his dreams concrete situations of daily life that were about to happen. On the other hand, knowing what was going to happen made him miserable.

For some time, his mental health deteriorated. He felt sad and isolated, the hours passed slowly: they seemed to have been locked inside the walls of his house. He desperately looked for company. Then it occurred to him that he should adopt a cat.

That arragement worked: he talked to it, peted it, fed it, and he stopped being afraid of loneliness. After that, he returned to being a balanced person. Furthermore, he also learned to benefit from his own energy, this became a spiral that went back and forth, within a game where it was no longer known who was giving and who was receiving.

Many claimed to have heard the cat meow in the dark on new moon nights. They said that it was a very intuitive animal, that it could sense the presence of souls in pain crossing the house disoriented. Others said that, in addition to the living, dead ancestors had settled there forever, attracted by the good energy that flowed in it. The truth is that anyone who walked through the door experienced immediately physical well-being and peace of mind.

Time passed by, our ordinary man was now forty-two years old. His life revolved around a more or less important international press service for which he worked, his love for reading and his cat. There was nothing outstanding in his past, except for having helped hundreds of people, many of them now cured, to feel better. He was not married and had no children, yet he was happy.

Like a chameleon, he would age and become invisible until the end of his life. After all, human nature is ambitious and by no means did he think he would ever achieve everything he wanted.

Images: (1) Author unknown (2) Nida

AFLICCIÓN – Affliction- Afflizione

Por MAR MARTÍNEZ LEONARD

Yo seré perro de cazadores que en madrugadas de octubre hinque los colmillos sobre la presa. En las noches, dormiré sobre el pasto, o quizá escondido entre maderos. Temprano seré transportado en jaula hasta mi lecho de muerte, tierra húmeda de la mañana en que un disparo me alcanzará por error.

FOTO: JOSÉ GALILEO CONTRERAS ALCÁZAR

By MAR MARTÍNEZ LEONARD

I will be a hunters’ dog that sinks its fangs into the prey at dawn in October. At night, I will sleep on the grass, or maybe hidden in between logs. Soon I will be transported caged into my deathbed, wet land of that morning in which a shot will find me by accident.

PHOTO: JOSÉ GALILEO CONTRERAS ALCÁZAR

Di MAR MARTÍNEZ LEONARD

Io sarò un cane da cacciatore che affonda le zanne nella preda all’alba di ottobre. Di notte, dormirò sull’erba, o forse nascosto tra i tronchi. Presto verrò trasportato ingabbiato nel mio letto di morte, terra bagnata della mattina in cui uno sparo mi troverà per errore.

FOGRAFIA: JOSÉ GALILEO CONTRERAS ALCÁZAR

Lira en rosa / LYRE POEM IN PINK

POR MAR MARTÍNEZ LEONARD

Yo soy fémina sólo:
nací para ser feliz
bella ligera libre
caminar como una catarina
mi sereno vuelo azul
amparado en la lluvia.

Busco hacer de la luna un verso
caminar contigo
resguardada de lluvia,
despojada de nada,
tal vez de tiempo sólo.

Silenciosa y sin prisa
arribo a mi destino,
una lira trovo en verso blanco
alada púrpura quietud sin rima.

Lágrimas lavaron mi pisada rosa
sin verso y sin luna
¿nos despojan acaso
de viejas costumbres?
Tan gélidas son las ilusiones rotas.

Fotografías de PIXABAY (1) y MO EID (2)

BY MAR MARTÍNEZ LEONARD

I am only female:
I was born to be happy
beautiful light free
to walk like a ladybug
my serene blue flight
covered in the rain.

I seek to make of the moon a verse
to walk with you
sheltered from the rain,
stripped of nothing,
maybe of just time.

Silent, unhurried
I approach to my fate,
a lyre I write on blank verse
winged purple unrhymed stillness.

Tears washed my pink footprint
without verse and without moon,
do they despoil us
from the old ways?
Broken illusions are so cold.

Photos by PIXABAY (1) and MO EID (2)

En el centro de mi pecho – IN THE MIDDLE OF MY CHEST

EN EL CENTRO DE MI PECHO

POR JERÓNIMO MARTÍNEZ GONZÁLEZ

Ya desde muy pequeñito he sido un recitador de versos, no sé si bueno, pero sí muy solicitado. Mi trayectoria en este terreno va desde la primera vez cuando tenía unos cuatro años hasta la grabación en audiolibro para Storytel de un poemario de Walt Whitman hace dos o tres años. Entre un punto y el otro está mi papel en el seminario de Almería como encargado habitual de recitar los poemas en los actos y la costumbre, posiblemente un poco cargante en ocasiones, de recitarles poemas a mis hijos mientras conducía en nuestros viajes. De ahí pasé a disfrutar mucho con el teatro, tanto que, una vez, después de algún recitado o alguna representación en Almería me dijo Don Juan, el superior del seminario:
-Muy bien, muy bien, Jerónimo. Pero a ver si con las tablas no llegas al último escalón.
Aludiendo obviamente a que temía que mi entusiasmo por el teatro me desviara del camino que había emprendido, que era el de subir las gradas del altar como sacerdote. La primera vez que me recuerdo recitando unos versos fue en la petición de mano de mi tía Pepa por mi tío Nicolás, en 1948, en el cortijo propiedad de los padres de ella, la Bermeja. A mi maestro, Don Antonio, le habían hecho gracia unos versos de una viñeta del humorista gráfico Miranda, del diario Ideal de Granada, y me hizo aprendérmelos:

¿Qué culpa tiene el tomate
que lo arranquen de la mata,
lo metan en una lata
y cobren un disparate?

Por lo que se ve, la gente se divertía mucho viendo a un pequeñajo como yo
recitando semejante amago de crítica social. En concreto en la Bermeja, recuerdo que, a los postres, me subieron a la mesa y desde allí recité esos versos y no sé si algunos otros. Creo que fue no mucho tiempo después cuando el abuelito me enseñó otros versos:

En el cielo, las estrellas,
en la tierra, las espinas,
y en el centro de mi pecho
la República Argentina *

No sé si en el centro del pecho o en cualquier otro lugar iba yo guardando aquella Argentina que mi abuelo iba dibujando día a día con su continua añoranza, pero eso debió de ser lo que me hizo conmoverme tan profundamente cuando, en abril de 1987, al aterrizar en el aeropuerto de Buenos Aires, al amanecer, después de sobrevolar el mar de casitas bajas del conurbano bonaerense, el piloto dijo:

-Hemos aterrizado en el aeropuerto de Ezeiza. Bienvenidos a la República Argentina.

Había aprovechado las vacaciones de Semana Santa y un complemento del billete aéreo que se llamaba “Visite Argentina” para, una vez acabada la Feria del Libro y el Congreso de bibliotecarios al que me habían invitado, viajar en pocos días a Mendoza, a Córdoba y a Rosario. En Mendoza contraté un taxi para visitar en el día casi completo que estuve allí los puntos de referencia de mi abuelo: el Cerro de la Gloria donde estaba mi abuelo en una foto que tenía en mi cuarto, el Hospital Lencinas, el Parque General Sanmartín, la Avenida de Las Heras. De allí me fui a Córdoba donde conocí a mis parientes argentinos, visité la tumba de mi bisabuela María y vi algunas cosas de las que uno va dejando de pasada por los sitios donde ha vivido como:

-Tu abuelo trabajó en ese tanque –así lo llamaban, era un depósito de agua.

Después, creo que con escala y pernoctación en Buenos Aires, viajé a Rosario, donde fui a visitar en su convento a la tía Ana, Sor Valentina para las monjas. Hice el viaje con avidez, queriendo registrarlo todo, vivirlo todo, mirándolo todo con un sentimiento de pertenencia a aquel país que estaba visitando por primera vez. Eran tiempos difíciles para la Argentina. ¿Y cuándo no lo han sido en los últimos setenta años? Mientras yo sobrevolaba el país en avión y flotaba en mis recuerdos incluso cuando estaba en tierra, estaba en marcha el golpe de estado del teniente coronel Rico. Luego vinieron las otras intentonas militares, la hiperinflación y el desánimo por ver el país levantarse y volver a caer una y otra vez. Sería frívolo y casi insultante decir que compartía el dolor y la desesperación de los argentinos cuando yo tenía un excelente sueldo en dólares, un estatuto diplomático y la posibilidad de alejarme cuando quisiera mientras que mis familiares, mis compañeros de tertulia, mis amigos veían cómo sus sueldos miserables se les deshacían en el bolsillo como humo por la hiperinflación y les era imposible pagar un coche decente o un apartamento o comprar un pasaje para salir del país.

Sin embargo, aquel sentimiento de pertenencia que el abuelito había ido sembrando en algún lugar de mi pecho con su nostalgia estuvo siempre ahí durante toda mi estancia en la Argentina. Y sigue estando. En uno de mis primeros actos como Viceconsejero de Cultura de la Junta de Andalucía en el otoño de 1982 fui a Chirivel, la capital de mi municipio, a inaugurar la biblioteca pública. Era mi primer cargo de alguna relevancia, que tenía recién estrenado, y llegué al lugar de la inauguración a aquella que era mi tierra y me apeé del coche oficial con un sentimiento de orgullo cuyo recuerdo me hace ahora sonrojarme. Pero allí estaban mi abuelo y mi padre, a los que me acerqué a saludar con un beso, muchísimo más llenos de orgullo que yo. He pensado muchas veces que qué pena que la llama de la vida del abuelito no le hubiera durado unos años más o que yo no hubiera tenido la oferta de la Agregaduría Cultural a la Embajada de España en Buenos Aires algunos años antes, y he fantaseado con lo orgulloso que estaría él de mí y yo de él presentándolo en una recepción a mis compañeros de la embajada o llevándolo a visitar el Hospital Lencinas, o la Avenida de las Heras, como hice yo la primera vez que viajé a Mendoza. Aunque después de haber escrito el relato pienso que quizá ha sido mejor que el abuelito no haya tenido ocasión de sentir de nuevo allí la puñalada de la ausencia.

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* Cuarteta atribuida a José Piñeiro https://www.elheraldo.com.ar/noticias/185860_en-el-cielo-las-estrellas-en-el-campo-las-espinas-y-en-el-medio-de-mi-pecho-la-republica-argentina.html

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IMÁGENES, DE ARRIBA A ABAJO: Le Petit Prince, Cottonbro; Monumento al Ejército de Los Andes en el Cerro de la Gloria, Mendoza; Vista del Obelisco de Buenos Aires; El Hada de Ba, Campos Jesses, Uriburu 1073 – Recoleta, Buenos Aires; Raúl Alfonsín, padre de la democracia para siempre, ADN Digital; Cementerio de la Recoleta, Buenos Aires

IN THE CENTER OF MY CHEST

BY JERONIMO MARTINEZ GONZALEZ

Since I was very little I have been a reciter of verses. I am not sure if a good one, but a highly requested one. My career in this field goes from the first time when I was about four years old to an audiobook recording for Storytel of a collection of Walt Witman poems two or three years ago. Between one time and the other is my role in the seminar in Almeria as usually being in charge of reciting poems during events, and the habit, possibly a bit tiresome at times, of reciting poems to my children while driving in our trips. From then on, I began to enjoy the theater a lot, so much that, one time after a recitation or some performance in Almería, Don Juan, the superior of the seminary, told me:


-Very good, very good, Jerome. But let’s see if with the boards you don’t reach the last step.


Alluding, obviously, to the fact that he feared my enthusiasm for the theater would divert me from the path I had undertaken, which was to climb the steps of the altar as a priest. The first time I remember reciting some verses was at my uncle Nicholas’ marriage proposal for my aunt Pepa in 1948, in the farmhouse owned by her parents, La Bermeja. My teacher, Don Antonio, had been amused by some verses from a vignette by cartoonist Miranda, from the Ideal newspaper in Granada, and he made me learn them:

What fault has got the tomato
if they pull it from the plant
they squeeze it in a can
and charge you a nonsense?

Apparently, people had a lot of fun watching a little boy like me reciting such a hint of social criticism. In particular, at La Bermeja, I remember they placed me on a table at dessert, and from there, I recited those verses, and I am not sure if some other too. I think it was not long after when Grandpa taught me these other verses:

The stars in heaven
the spines on earth
and the Argentine Republic
in the center of my chest *

I don’t know if in the center of my chest, or in any other place, I was gradually keeping the Argentina that my grandfather was drawing day by day with his longing. But that must have been what made me move so deeply when, in April of 1987, upon landing at the Buenos Aires airport at dawn, after flying over the sea of ​​low-rise houses in the suburbs, the pilot said:

-We have landed at the Ezeiza airport. Welcome to the Argentine Republic.

I had taken advantage of the Easter holidays and a supplement to the air ticket called «Visit Argentina» so that, once the Book Fair and the Librarians’ Congress to which I had been invited were over, I would travel to Mendoza, Cordoba and Rosario. In Mendoza I hired a taxi to visit my grandfather’s landmarks for almost the entire day I was there: The Hill of Glory where my grandfather was in a photo I had in my room, Lencinas Hospital, General San Martin Park, Las Heras Avenue. From there I went to Córdoba where I met my Argentinian relatives, I visited the grave of my great-grandmother María, and I saw some things that people leave behind in passing through the places where they have lived, such as:

-Your grandfather worked in that tank –it was a water tank.

Later, I think with a stopover and an overnight stay in Buenos Aires, I traveled to Rosario, where I went to visit Aunt Ana, Sister Valentina for the nuns, at her convent. I made the trip eagerly, wanting to record it all, experience it all, looking at it all with a sense of belonging to the country I was visiting for the first time. They were difficult times for Argentina. And when have they not been in the last seventy years? As I flew over the country and floated in my memories even when I was on the ground, Lieutenant Colonel Rico’s coup was underway. Then came the other military attempts, hyperinflation and discouragement at seeing the country rise and fall again and again. It would be frivolous and almost insulting to say that I shared the pain and despair of the Argentinians when I had an excellent salary in dollars, a diplomatic status and the possibility of leaving whenever I wanted while my relatives, my social gathering partners, my friends, saw how their their miserable salaries melted away in their pockets like smoke and they were unable to afford a decent car or an apartment or to buy a ticket out of the country.

However, that feeling of belonging that grandpa had been sowing with his nostalgia somewhere in my chest was always there throughout my stay in Argentina. And it still is. In one of my first events as Deputy Minister of Culture of the Junta de Andalucía in the fall of 1982, I went to Chirivel, the capital of my municipality, to inaugurate the public library. It was my first position of some relevance, and I arrived at the inauguration site to what was my land, and I got out of the official car with a feeling of pride whose memory now makes me blush. But there were my grandfather and my father, whom I approached to greet with a kiss, much more full of pride than me. I have thought many times that what a pity that the flame of grandpa’s life had not lasted a few more years, or that I had not had the offer from the Cultural Attaché Office at the Spanish Embassy in Buenos Aires a few years earlier, and I have fantasized about how proud he would be of me and me of him, presenting him at any reception to my colleagues at the embassy or taking him to visit the Lencinas Hospital, or Avenida de las Heras, as I did the first time I traveled to Mendoza. But after having written this story, I think that perhaps it was better that grandpa did not have the opportunity to feel the stab of absence there again.

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* Quatrain attributed to José Piñeiro https://www.elheraldo.com.ar/noticias/185860_en-el-cielo-las-estrellas-en-el-campo-las-espinas-y-en-el-medio-de-mi-pecho-la-republica-argentina.html

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IMAGES, TOP TO BOTTOM: Le Petit Prince, Cottonbro; Monument to the Army of the Andes at the Hill of Glory, Mendoza; View of the Obelisk in Buenos Aires; The Fairy of Ba, Campos Jesses, Uriburu 1073 – Recoleta, Buenos Aires; Raúl Alfonsín, father of democracy forever ADN Digital; Recoleta Cemetery, Buenos Aires


TRANSLATION: MAR MARTÍNEZ LEONARD

La aceitunera – THE OLIVE PICKER

Por Mar Martínez Leonard

Suaves ramas

De hojas verdes

Que desnudas

En silencio

De su beso centenario

En los brazos del invierno

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Imágenes: 1) Recogiendo aceitunas, óleo sobre lienzo, Teresa Balboa Juárez 2) Puerta abierta, óleo sobre lienzo, Teresa Balboa Juárez

By Mar Martinez Leonard

Gentle branches

Of green leaves

That you undress

In silence

From their centenary kiss

In the arms of winter

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Images: 1) Harvesting olives, oil on canvas, Teresa Balboa Juarez 2) Open door, oil on canvas, Teresa Balboa Juarez

De color azul violeta -BLUE PURPLE COLOR

Fotografía de Stein Egil

Por Mar Martínez Leonard

Julia era tan delgada
que apenas huesos tenía
igualaban sus desgracias
los amores de María

Como quieres que yo vaya
al jardín de la alegría,
si se marchitan las flores
de ver tu pena y la mía

El melenchón de esta tierra
lo bajaron desde el cielo,
un ángel quería cantar
alrededor de una hoguera

Como quieres que yo vaya
al jardín de la alegría,
si se marchitan las flores
de ver tu pena y la mía

Lirios púrpuras lloraban
en lo alto de la ermita,
mi pueblo blanco y pequeño
sangraba por las esquinas

Como quieres que yo vaya
al jardín de la alegría,
si se marchitan las flores
de ver tu pena y la mía

Photo by Erike Fusiki

By Mar Martínez Leonard

Julia was so skinny
that she barely had bones
equaled her misfortunes
Maria’s loves

How do you want me to go
to the garden of joy,
if flowers wither to see
your sorrow and mine

The song of this land
was brought down from the sky,
an angel wanted to sing
around a bonefire

How do you want me to go
to the garden of joy,
if flowers wither to see
your sorrow and mine

The purple lilies cried
at the top of the chapel,
my little white town
was bleeding on the corners

How do you want me to go
to the garden of joy,
if flowers wither to see
your sorrow and mine

A KNOCK ON THE DOOR / Tocaron la puerta

Image: John Stocker

By Oliver Caspers

A KNOCK ON THE DOOR

It was the day that followed 

The end of Time. 

.

I was sitting in bed 

Talking with Nobody. 

.

The last living soul  

On this damned planet 

And I wanted to cry. 

.

But it was too late. 

.

The only thing that I had left  

Were the shoes on my feet. 

.

And in my hand there was 

A loaded gun 

With which I wanted  

To end it all. 

.

To end the reign of Man 

That had brought about  

Their own Destruction. 

.

Then in the nick of time 

There came 

A knock on the door.

—————–

Imagen: Jayson Hinrischen

Por Oliver Caspers

TOCARON LA PUERTA 

Fue el día que siguió  

al fin de los Tiempos.  

.

Yo estaba en la cama sentado  

hablando con Nadie. 

.

La última alma viva  

en este maldito planeta, 

y quería llorar.

 .

Pero era demasiado tarde. 

.

Lo único que me quedaba  

eran los zapatos en los pies.  

.

Y en mi mano había  

una pistola cargada  

con la que quería  

acabar con todo.

  .

Acabar con el reinado del Hombre  

que había traído consigo 

su propia destrucción.

  .

Entonces, justo a tiempo  

ocurrió que  

tocaron la puerta.  

————–

Traducción: Mar Martínez Leonard

To acquire OliverCaspers books: http://conscious-quarters.com/esen/

Contact the author: Olivercaspers@aol.com

MI VIAJE CON EL GRAN HERMANO – My trip with Big Brother – Il mio viaggio con il fratello maggiore

Por Mar Martínez Leonard

Entramos en el avión. Es una nave regional muy estrecha con sólo tres asientos por fila. Después de abrocharme el cinturón, le echo un vistazo al pasajero del pasillo de la izquierda. De un solo vistazo, veo su pasaporte, una revista de música y un libro grueso de tapa dura, y probablemente ya conozco los tres componentes más importantes de su vida. Me siento cómodamente incómoda. El Gran Hemano nos vigila. Mi compañero de viaje es italiano, toca el bajo eléctrico y adora a Nietzsche. Despegamos. Con la confianza que me concede la corta distancia forzosa, le pregunto: «Perdón, ¿de dónde eres?» Mi compañero de viaje confirma que es de Italia y estudia música. No le pregunto sobre Nietzsche. El avión tiembla. Nerviosamente, tomo una revista de cortesía para calmar mi vértigo. Han escrito en ella por todos lados. Firmado por Holly. Hay listas de objetivos a largo plazo en cada página. Bastante ambiciosos, pienso. De nuevo, la cómodamente incómoda idea de la sociedad del Gran Hermano cruza mi cabeza. Un niño del asiento de alante me está sacando la lengua, pese a las protestas de su madre: «Eso no es agradable, Anthony». ¿Un pequeño monstruo? Puede que nunca llegue a comprender la intensa belleza de la privacidad.    

Traducción de la autora / Primera imagen de Victor Freitas https://www.pexels.com/es-es/@victorfreitas/ Segunda imagen de Galileo Contreras / Tercera imagen de la autora

By Mar Martinez Leonard

We enter the plane. It´s a very narrow regional ship with only three seats per row. I fasten my seatbelt, and take a glance at the aisle passenger to my left. In a single look, I can see his passport, a music magazine, and a thick hardcover book (so I probably already know the three most important components on his life. ) I feel comfortably uncomfortable. Big Brother is watching us. My journey´s partner is Italian, plays bass guitar and adores Nietzsche. We take off. With the confidence that the forced short distance gives me, I ask: ‘Pardon me, where are you from?’ My journey’s partner confirms that he’s from Italy and studies music. I don’t ask about Nietzsche. The plane is shaking. Nervously, I grab a complimentary magazine to calm my vertigo. It’s been written all over. Signed by Holly. His long-term goals listed on every page. Pretty ambitious, I think. Again the comfortably uncomfortable idea of the big brother society crosses my mind. A child in the front seat is sticking his tongue out, despite his mother’s complaints: ‘That’s not nice, Anthony.’ A small little monster? He might never understand the intense beauty of privacy.

Author´s translation / First image by Victor Freitas https://www.pexels.com/es-es/@victorfreitas/ Second image by Galileo Contreras / Third image by the author

Di Mar Martinez Leonard

Entriamo nell’aereo. È una nave regionale molto stretta con solo tre posti per fila. Allaccio la cintura di sicurezza e do un’occhiata al passeggero nel corridoio alla mia sinistra. In una sola occhiata, posso vedere il suo passaporto, una rivista musicale e un grosso libro con copertina rigida (quindi probabilmente conosco già le tre componenti più importanti della sua vita). Mi sento comodamente a disagio. Il Fratello Maggiore ci sta guardando. Il mio compagno di viaggio è italiano, suona il basso elettrico e adora Nietzsche. Decolliamo. Con la sicurezza che mi dà la breve distanza forzata, gli chiedo: «Scusa, di dove vieni?» Il mio compagno di viaggio conferma che è italiano e studia musica. Non gli chiedo di Nietzsche. L’aereo trema. Nervosamente, prendo una rivista gratuita per calmare la mia vertigine. È stata scritta dappertutta. Firmata da Holly. I suoi obiettivi a lungo termine elencati in ogni pagina. Piuttosto ambiziosi, credo. Di nuovo, mi viene in mente l’idea comodamente scomoda della società del grande fratello. Un bambino sul sedile anteriore tira fuori la sua lingua, nonostante le lamentele della madre: «Quello non è carino, Anthony». Un piccolo mostro? Lui potrebbe non capire mai l’intensa bellezza nella privacy.

Traduzione dell´autrice / Prima immagine di Victor Freitas https://www.pexels.com/es-es/@victorfreitas/ Seconda immagine di Galileo Contreras / Terza immagine dell´autrice

LA PENA – Sorrow

Por Galileo Contreras Alcázar

LA PENA

Se escucha en el pecho

como el zumbido de un enjambre de avispas,

presiona el tórax con pata de elefante

y el cuerpo se empeña en extinguirla por inanición;

no cabe una sonrisa.

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Imagen de Lilia D.

By Galileo Contreras Alcázar

SORROW

Is listened inside the chest

like the buzz of a swarm of wasps,

it presses the thorax with its elephant foot

and the body insists on wiping it out with starvation;

there’s no room for a smile.

———————

Image by Lilia D.

El Café de Andrea / Andrea’s Café / IL CAFFÈ DI ANDREA

Por Mar Martínez Leonard

El café de Andrea

Me siento junto a Sean Connery, Lana Turner, Burt Lancaster y María Félix. Música clásica mece suavemente la mañana. Es lunes de Pascua en Almuñécar. Andrea, siempre en la barra, nos prepara un capuchino y un café americano, y nos ofrece una cookie de chocolate. Grazie mille. Tan auténtico que mi taza sabe a Italia y a cine clásico. Cierro los ojos y casi puedo oír a los gondoleros flotando a la deriva sobre agua bajo la mesa. Hay un murmullo de palabras provenientes de Florencia, Viena, Nueva York, Sevilla y México. Un crisol de bebedores de café se eleva en el alma. Lejos de fronteras políticas, abrazamos este momento de aldea global.

Fotografías de Galileo Contreras Alcázar

By Mar Martínez Leonard

Andrea’s Café

I sit with Sean Connery, Lana Turner, Burt Lancaster and María Félix. Musica classica softly rocks the morning. It is Easter Monday in Almuñécar. Andrea, always at the bar, prepares us a cappuccino and an americano, and offers a chocolate cookie. Grazie mille. So authentic, my cup tastes of Italy and of classic cinema. I close my eyes and I can almost hear the gondoliers gently drifting on fresh water under the table. There’s a murmur of words coming from Firenze, Vienna, New York, Seville and Mexico. A melting pot of coffee drinkers rises in the soul. Far away from political borders, we embrace this global village moment.

Photos by Galileo Contreras Alcázar

Di Mar Martinez Leonard

Il Caffè di Andrea

Mi siedo con Sean Connery, Lana Turner, Burt Lancaster e María Félix. Musica classica culla dolcemente la mattina. È lunedì di Pasqua ad Almuñécar. Andrea, sempre al bar, ci prepara un cappuccino e un caffè americano, e ci offre un biscotto al cioccolato. Grazie mille. Così autentico che la mia tazza sa di Italia e di cinema classico. Chiudo gli occhi e riesco quasi a sentire i gondolieri che scivolano sull’acqua sotto il tavolo. C’è un mormorio di parole provenienti da Firenze, Vienna, New York, Siviglia e Messico. Un crogiolo di bevitori di caffè si alza nell’anima. Lontano dai confini politici, abbracciamo questo momento di villaggio globale.

Fotografie di Galileo Contreras Alcázar

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