
Y es que al alba
pretendes atrapar
el sol
pero
la belleza y la luz
se deslizan en tus dedos
libres hasta el ocaso
MAR MARTÍNEZ LEONARD


Y es que al alba
pretendes atrapar
el sol
pero
la belleza y la luz
se deslizan en tus dedos
libres hasta el ocaso
MAR MARTÍNEZ LEONARD


02:59 AM
la calle Elvira es una
batalla de piernas
y de pasos
en la que se entrecruzan
las historias de Granada
–
El color naranja viste
el cielo
y tu cuerpo
es como la brisa
del verano que termina
–
Palabras atrevidas caen
como chuzos sublimándose
al calor del cuasi otoño
granadino
–
Será otoño de chilaquiles
de palabras perdidas
y encontradas en su estado
gaseoso
–
Hoy no bebes té de
yerbabuena
y aquella moneda
con motivo del mochuelo
de Atenea
sigue en tu bolsillo
–
Muffins y palmeras
acompañan panecillos
dulces con el río Darro
a tus pies
–
Y el Sáhara en el pensamiento
del rayul sentado en la acera
que te llama al pasar
que te habla
que te ofrece
que tú dudas
sólo a medias
–
Seguimos caminando
perdidos en batallas
aún por empezar
–
Hoy no tomamos
té de yerbabuena
y cada día reposa
radiante la risa
a cada paso
al doblar cada esquina
el amor no es complicado
–
La poesía lo es un poco más:
un poema es naufragio
de palabras donde agua
se derrama en la taza
que lleva entre las manos
latentes Ibn Zamrak
–
Nombres, adjetivos
verbos y adverbios
consagrados en los ojos
–
Y yo que pretendía
escribir un poema
sin ser poeta
–
Yo tan solo escribo versos
que sin serlo
son versos
en femenino
MAR MARTÍNEZ LEONARD


Xavier Villaurrutia (1903 – 1950) was a Mexican poet and playwright whose famous works are the short theatrical dramas called Autos profanos. His notable works also include his poetic writings Reflejos and Nocturnos.

THE KINDNESS OF LIFE
A humble truth as rest,
a peaceful silence, a beloved book;
all known, and all remembered,
a quite daily wake-up in the hamlet.
Not the useless grief, if I do not reach
pleasure in the ripened cluster,
for my mouth, a kiss of love
and for my face, a peaceful mirror.
That is life, supreme kindness
like a blue scent of lavender
in a frugal room with lifeless shadows.
Closing your eyes with the friendly evening
and getting them used to the saying
that death will find them closed.
From Reflejos / Translation by MAR MARTÍNEZ LEONARD


Soledad y silencio
en todas las cosas
—
Amor vincit Omnia:
(El amor todo lo vence)
—
Palabras despliegan
alas de esperanza
y aguardan el alba
bajo estrellas rotas
—
Ondas mágicas alumbran
ensueños celestes
talismánicas ridentes
nuestras voces
en espíritu unidas
—
En espíritu y anhelos
millones de labios se saludan
“hambre con hambre”
codo a codo
…
Habitamos
versos infinitos
de ilusiones
…
Que no descienda la luna ante ti:
(El amor todo lo vence)
…
MAR MARTÍNEZ LEONARD
Ilustración: El Principito y la rosa, por Lebzpel


Por JERÓNIMO MARTÍNEZ GONZÁLEZ
Ha llovido en el pueblo esa mañana. Los muchachos de izquierdas que van a incorporarse al servicio militar el próximo 1º de julio han posado frente a la cámara fotográfica en la acera de cantos rodados del tío Domingo el Biñolero (el Papa Domingo, mi abuelo). Con el barrizal en el que se convierten las calles cuando llueve se han manchado las alpargatas nuevas. Llevan puesta la mejor ropa que tienen. Es la fiesta patronal de El Contador *, el día de San Antonio.
En la plaza se han instalado, como cada año, dos o tres turroneros con sus puestos, donde se exhiben tacos de turrón de a perra gorda * cuidadosamente cortados y alineados, y enormes dulces bañados de azúcar junto con multicolores bastones de caramelo y blancas peladillas.
Ha venido también el fotógrafo ambulante y ha instalado a la sombra de una casa su cámara, una gran caja apoyada en un trípode con el objetivo en un lado y una ancha manga de tela negra en el otro. Cuando alguien se quiere hacer una foto, el fotógrafo lo coloca contra el fondo de una pared, buscando quizás el amparo psicológico de la casa como el toro busca en la lidia el amparo de las tablas.
El fotógrafo, vestido con un guardapolvo gris, mete la cabeza y los hombros dentro de la cámara para apreciar el encuadre y la distancia. Acerca o retira la cámara para conseguir el mejor enfoque. Cuando ya lo tiene, saca definitivamente la cabeza de la manga, inserta en la ranura una placa fotográfica, se coloca al lado derecho de la cámara, agarra el pulsador que mediante un cable abre el objetivo, se pone solemne y avisa de que ahora hay que estarse quieto y, si el fotografiado es un niño, le dice que por el objetivo va a salir un pajarito. Pulsa el botón durante un largo momento calculado sabiamente en función de la luminosidad. Después saca la placa y la mete en un calderete con revelador que cuelga sobre el trípode, debajo de la cámara. Un rato más tarde, la foto estará lista.
Mi padre es el muchacho de ropa clara que está en el centro del grupo. Tiene 18 años y se va a incorporar dentro de dos semanas al cuartel de artillería de Cartagena para hacer el servicio militar. Mi madre, junto con su hermano Nicolás y Fresina, se asoma divertida a la reja.
Al pueblo no llega la radio ni los diarios. Pero las noticias van llegando por el camino de las bocas, de los susurros primero y de los comentarios y los movimientos abiertos después. Se ha proclamado la República; en las manos del pueblo está liberarse de los curas y los caciques; hay un gobierno del Frente Popular salido de las urnas en las que la gente, incluidas las mujeres, han expresado su voluntad libre.
Los padres de estos muchachos han luchado y, en algunos casos, han muerto en la guerra de África, sus abuelos en la de Cuba. Ahora saben que, si tienen que luchar, no va a ser por intereses lejanos como las empresas coloniales o el prestigio de la nación. Saben que esta vez, si luchan, van a luchar por ellos mismos, por su pan y su dignidad.
Y están dispuestos. En contraste con el gesto sonriente de las muchachas, se plantan ante la cámara con gesto seguro y voluntarioso, en una fila ya casi miliciana y compartiendo el gesto solidario del puño cerrado.

Pero van a perder también esta guerra. Dentro de tres años, cuando todavía no tengan veintiuno, Martín, el Peseto y Paco volverán al pueblo, dominado ya por clérigos y falangistas envalentonados por la victoria. Juan José y Agustín emigrarán a la Argentina. Manuel, el que está detrás de mi padre, morirá pronto en algún paisaje extraño durante la guerra. Francisco, el muchacho campesino alto y desgarbado con flequillo y la chaqueta abierta, huirá a Francia después de la guerra, se incorporará a la resistencia francesa, será capturado por los nazis y encerrado en el campo de exterminio de Gussen en Mauthausen donde morirá el día de Navidad de 1941. Habrán muerto, una vez más, inútilmente.
Pero hoy es el día de San Antonio. Los trigos están en sazón después del largo invierno serrano y las parras anuncian las delicias de la uva; la sonrisa de las muchachas es dulce y dulce es también el turrón que venden por unos céntimos entre músicas en la plaza. Hoy es tiempo todavía.
……………………………………………………………………………………………………………
* El Contador, Almería.
* La perra gorda era el nombre coloquial con el que se denominaba a la moneda española de 10 céntimos de peseta. Este nombre fue dado en alusión al extraño león que aparecía en el reverso.
*Cartel de la República protectora de la infancia y la cultura.


Por GALILEO C. ALCÁZAR & MAR M. LEONARD
A la mar de zapatos nuevos
la insoportable luz de luna
incapaz de transitar
entre dulces bestias
y olas arrecifes con colmillos
rugen desde el mar cercano
y muerden la mano que les da de comer
larga es la noche color esperanza
sangre blanca de luna nocturna
corre en olas embramadas
entre el deshielo del aire
se sublima la mano que aguarda
la mordida feroz del fin.


Por MAR MARTÍNEZ LEONARD
Ya no soy poeta
dices entre
sorbos de chai
y espresso americano
.
El periódico en papel
no en la red
esta vez
la pausa compartida
.
No a propósito
despropósitos
descafeinados
.
Latas horas
hace muchas fotos
de fragantes
infusiones
instantáneas
.
Sorbo a sorbo
bebiéndote
la vida en una taza


Por JOSÉ GALILEO CONTRERAS ALCÁZAR
Teníamos las manos negras, de los pantalones chorreaban gruesos hilos viscosos que venían a dar a la arena, más negra aún, de la playa. No quedaba un alma en la ciudad, todos venían a borbotones a buscar algo que hacer con ese oro acumulado que al final nos había empobrecido. Las gaviotas y palomas no podían volar, terminaban como manchas muertas en cualquier acera, los peces muertos más grandes los pasábamos de mano en mano por grandes filas de hombres y mujeres que ahora maldecían la voracidad del caos que el petróleo nos regalaba. Qué nos deparará ahora si después de tanta compañía, después de tanto progreso a su lado, solo nos veníamos envenenando, si después de venerar las venas negras que nos hacían mover el mundo ahora el mundo nunca más se movería. Era triste, pero también fue grandemente esperanzador que desde ahora nosotros seremos los que movamos al mundo.

Por MAR MARTÍNEZ LEONARD
El teléfono suena.
-Habla Andrea. ¿Me regala un número de contacto?
-No tengo un número que pueda dejarle, señorita, he sido arrestado y necesito un abogado.
-No se preocupe, déjeme su nombre y el teléfono de un familiar o de un amigo.
Ross acaba de cruzar el portón de entrada al bufete y Andrea siente su presencia detrás de la oreja, junto al identificador de llamadas: “No estoy autorizado en esa jurisdicción. Cuelga ya, tienes otra llamada”.
-Lo siento mucho señor, pero no podemos ayudarle. Nuestro despacho sólo trabaja localmente. Le deseo buena suerte.
La figura de Ross se mueve ahora como un yoyó que se aleja y se acerca visitando archivadores frente a Andrea.
-Necesito la carpeta de las doce.
-Ya la tiene, señor. Está sobre su mesa.
Andrea camina hacia la cocina y sirve dos tazas de café, luego va hasta el despacho gris de Ross y posa una de las tazas sobre el escritorio abarrotado de papeles. Se oye el timbre, y detrás del portón hay una mujer hispana de unos treinta años con un niño pequeño de la mano. Otro niño y una niña más mayores entran también con ella.
-Pasen, por favor. ¿Le apetece un café, o quiere agua para usted o los niños?
-Ah, qué amable. Sí, por favor; un café y dos vasos de agua.
Andrea va hasta la cocina, vuelve con dos vasos de agua mineral y una taza de café, luego entra en el salón de reuniones, donde está la hija de Ross: “Tengo que hablar contigo. Por favor, no des café a los clientes. Sólo agua está bien”.
Andrea vuelve a su escritorio:
-El licenciado se reunirá con usted en unos minutos -dice a la mujer hispana.
Andrea busca una emisora con música tropical y sube un poco el volumen. En su escritorio guarda un pequeño tesoro de datos de personas que han sido arrestadas y aún no tienen representación legal. Aguarda afanosa la hora del almuerzo en que estará sola, quizá algún otro bufete de extranjería probono llevará los casos.
-Me voy a almorzar, y luego a casa.
-Muy bien, doña Darna.
-Una cosa más, déjame las cartas dentro de mi oficina, no afuera.
-Por supuesto, doña Darna. No volverá a ocurrir.
Ya sólo quedan Ross y su hija en la oficina. En unos minutos, la hija de Ross terminará la reunión con su cliente y se irá a almorzar. Entonces, Andrea tendrá chance de hacer esas llamadas.
-Me voy a almorzar. Va a venir a limpiar Sonia. Por favor, abre la puerta si no he vuelto.
-Por supuesto, don Ross.
La puerta de la sala de reuniones se abre y sale de ella la hija de Ross, seguida por la mujer hispana con los niños.
-Abre un archivo nuevo y guarda estos documentos en él.
-De acuerdo. En seguida.
La mujer hispana sonríe y dice adiós.
-Me voy a almorzar.
-Muy bien.
Andrea corre hacia su mesa. Quizá no coma nada hoy. Hay cacahuetes en la cocina. Saca su pequeño tesoro de nombres y números, y descuelga el teléfono.

Mi juventud fue solo una tormenta oscura
atravesada a rachas por un sol radiante
han hecho tanto daño los truenos y la lluvia
que queda en mi jardín muy poca fruta madura.
.
Ahora que he alcanzado el otoño de las ideas
he de usar aquí la pala y el rastrillo
para juntar de nuevo las tierras anegadas
donde el agua cava hoyos inmensos como tumbas.
.
¿Y quién sabe si las flores nuevas con que sueño
hallarán en este suelo lavado como una playa
el místico alimento que las haga más fuertes?
.
¡Oh dolor, oh dolor! ¡El tiempo devora la vida
y el incierto enemigo que nos roe el corazón
con la sangre que perdemos, crece y se fortifica!
Traducción de MAR MARTÍNEZ LEONARD