SUEÑOS TAPATÍOS – Guadalajara Dreams

Por Armida Reed

Esta hermosa ciudad

Guadalajara, mi amiga

me abrió sus puertas un día

y aquí me quedé a soñar

.

Soñaba que éramos novios

soñaba que me querías

soñaba con ser poetisa

y así era de verdad

.

Los muros de Guadalajara

se elevan hasta las nubes

solo trépalos y subes

adonde quieras llegar

.

Escribo porque soy libre

escribo porque te quiero

escribo porque ahora tengo

nueva alma tapatía

.

El aire de esta ciudad

me acaricia y me regala

la palabra libertad

Images: WPIA

By Armida Reed

This beautiful city

Guadalajara, my friend,

opened her doors one day

and here I stayed to dream

.

I dreamed that we were engaged

I dreamed that you really loved me

I dreamed of being a poetess,

and that’s how it truly was

.

The walls of Guadalajara

rise all the way to the clouds,

just climb them and you’ll arrive

as far as you want to be

.

I am writing because I am free

I am writing because I love you

I am writing because I’ve got

a new Tapatía soul

.

The air of this city

is caressing you

with the present

of the word liberty

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Author’s Translation

Todos los sueños –ALL OF THE DREAMS

Por Mar Martínez Leonard

Todos los sueños se evaporan y suben al cielo: aquí en la Tierra no hay sueños.

Calles con grandes avenidas nos transportan al futuro, nos traen del pasado: nunca, nunca existe el presente.

Todos los sueños se evaporan y se elevan al cielo: no existen los sueños aquí en la Tierra.

Poema musicalizado con Suno


By Mar Martinez Leonard

All of the dreams evaporate and rise to heaven: here on Earth, there are no dreams.

Streets with large avenues transport us to the future, they bring us from the past: the present never ever exists.

All of the dreams evaporate and go up to heaven: there are no dreams here on Earth.

Author’s translation

Poem musicalized with Suno


Imágenes creadas by IA – Images created by AI

Diana en la Niebla

Por Mar Martínez Leonard

—¡Buenos días, cariño! Hay café en la cafetera.

Mario posa sobre la mesa unos alicates que porta en su mano derecha y toma un sorbo de la taza bajo el colador. La taza golpea el mármol.

—Lo has hecho mal, Diana. ¡Salió frío!

La cancela se cierra de un golpe. Diana vacía el colador y lo llena de café molido fresco, luego prepara otra taza caliente. 

Esta vez Mario regresa antes de que el café se enfríe y lleva a su escritorio la taza que Diana ha preparado. Como cada mañana desde hace un año, prende la televisión. Es temprano todavía y Diana se tumba en el sofá. El eco gris del noticiero de las 8:00 a.m. se va extinguiendo entre lágrimas y voces dispersas que se elevan hasta la mesa.

La cabeza de Diana se va hundiendo en el brazo casi plano del sofá. Tras la ventana, la niebla tizna de gris las flores ambarinas. La mirada de Diana está clavada en el techo mientras su fantasía recrea largas caminatas junto al mar.

—Voy a salir a dar un paseo —informa solemne Mario.

—Pero, no se ve nada.

—Precisamente por eso. Quiero ver la niebla.          

—¿Voy contigo?

—¡No! Quédate aquí. No voy a esperar a que te vistas. Adiós, salgo. 

Diana cierra el libro que le ha recomendado su instructor de la academia y se deja caer un poco más en el sofá. El tedio de la mañana nublada y el claroscuro bajo el tragaluz han vencido su ánimo antes de vestirse.

Suena esa canción de Patti Smith que configuró como sonido de alarma: “Hay una ciudad al norte de Ontario… Ventanas azules, azules bajo las estrellas…” Diana imagina ahora que flota en una de las nubes afuera y que abajo hay una playa donde las olas rompen suavemente en la arena.

El timbre de la melodía envuelve toda la sala: “Luna amarilla en ascenso, grandes pájaros cruzan el cielo volando, arrojando sombras en tus ojos…” Las guitarras nostálgicas y casi místicas le resultan relajantes: “Nos dejan desamparados, desamparados, desamparados”.

La espalda de Diana se va hundiendo progresivamente en el sofá, su cuerpo está lleno de música. De repente, los puños de Margot percuten violentamente sobre la puerta:

—¡Diana! ¡Diana! ¡Dianaa! ¡Tu alarma ha sonado dos veces!

Diana despierta sobresaltada y extiende la mano hasta apagar el despertador. Después oye los pasos de Margot alejarse por el pasillo hasta su departamento. Recuerda ahora que Mario ha salido a dar un paseo hace un rato y lo imagina deambulando entre gotitas de agua en suspensión. Si bien falta mucho para la hora del toque de queda, la sensación de pavor parece flotar todo el día entre las casas.

Desde lo más profundo de su conciencia surgen dudas sobre muchas cosas. Hasta duda de la realidad misma. ¿Habrá sido la conversación con Mario un sueño? Diana se incorpora desde el sofá en dirección al cuarto y comprueba que Mario no está.

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Imagen de freepik.es, Mujer en la montaña con niebla.

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