LA FLOR DEL CAFÉ – The Flower of Coffee

Pablo Picasso deambula en la plaza…

Por Mar Martínez Leonard

Pablo Picasso deambula en la plaza

entre churros dulces

y versos dispersos.

.

El negro y el blanco

de un pincel eterno

son pluma y espuma

bajo el sol brillante.

.

Un nombre de hombre  

está escrito

sobre lozas rosas

y lozas azules.

.

Al borde del mar

la brocha ovalada de trazo cubista

nos sueña y saluda

bajo el cielo raso.

.

Doscientas preguntas colgantes

ascienden al aire

entre diásporas

de aluminio azul.

.

Doblan las campanas

y ya es mediodía.

.

Sobre el aceite

caliente, hirviente

de los buñuelos

se alza en la taza

 ¨la Flor del Café”.

FOTOGRAFÍAS: Galileo Contreras

By Mar Martínez Leonard

Pablo Picasso gads

in the plaza

among sweet churros

and scattered verses.

.

The black and the white

of eternal bristles 

are feather and foam

below the bright sun.

.

A man’s name is written

on rose tiles,

on blue tiles.

.

At the seashore,

the cubist strokes

of the oval brush

dream us

and greet us

beneath the clear sky.

.

Two-hundred questions

float up to the air

among diasporas

of blue aluminum.

.

The bells toll,

and it’s noon already.

.

Over the hot boiling oil

of the buñuelos

´The Flower of Coffee´

gets up from the cup.

Translation: Mar Martínez Leonard

Photos: Galileo Contreras

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La sirenita errante

Por MAR MARTÍNEZ LEONARD

Comparto mi versión de la leyenda de la sirenita de Almuñécar, es una sirenita alada que deambula por la playa y el camposanto. Así la imagino:

Hace muchos años vivía a orillas del Mar Mediterráneo una muchacha excepcionalmente bella llamada Marina. Marina era hija única y su padre murió siendo ella muy joven. Algún tiempo después, su madre, llamada Josefina, enfermó de gravedad y Marina se dedicó por completo a cuidarla.

La única distracción de Marina era bajar por las noches cerca del mar cuando Josefina estaba dormida. Cada noche, Marina iba hasta la playa y se sentaba sobre las rocas. Muchos pretendientes la cortejaban, atraídos por su mirada hechicera, su dulce voz y su pelo largo coral ondulado. Pero ella rechazaba a todos y cada uno de los muchachos que la pretendían mientras estaba posada sobre el arrecife: “No tengo tiempo de encontrarme con nadie. Estoy muy ocupada”, les decía.

Marina se volvió taciturna y contemplativa. Durante sus salidas noctámbulas escuchaba las olas romper y observaba la luz de la luna y las estrellas reflejarse en el agua plateada del Mediterráneo. Sus pasos desprendían un aire místico, y parecía estar fascinada por el melodioso canto de las aves que nadaban o volaban sobre el mar. En algún momento, se empezó a rumorear que Marina había perdido la razón, y estas habladurías llegaron incluso a oídos de Josefina.  

Un día Josefina, intrigada, le preguntó a su hija cuál era el motivo de sus visitas nocturnas a la playa, a lo que Marina respondió: “Madre, voy al encuentro de mi amado el Mar”. Muy sorprendida, Josefina exclamó con inquietud: “¡Hija mía, si sigues así, te convertirás en pez!”

Pero esto no hizo que Marina dejase de bajar a la playa cada noche para sentarse junto al mar y contemplarlo mientras Josefina descansaba. Y poco después de esta conversación entre madre e hija, Josefina falleció. Tras sepultar a su querida madre, cuentan los ancianos que Marina bajó a la playa una noche, se desvistió, se adentró en el mar y nunca más se la vio salir del agua.

Desde entonces, se dice que en las noches templadas de luna llena se divisa sobre los peñones del Mar Mediterráneo la silueta de una sirenita tumbada observando el horizonte, que después flota sobre las olas y se sumerge en su agua argentada hasta desaparecer.

Es en días soleados cuando parece sentirse un revolotear junto a las lápidas donde están enterrados los difuntos y una figura invisible parece posarse en arbustos de buganvillas rojas y doradas, y sobre madreselvas de acampanadas flores malvas, guardando las tumbas con su fresco vuelo azul.


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