Ciudad de nadie – NOBODY’S CITY

Image: Raúl Arias

By Armida Read

Now, I’d like to talk about you, Granada,

the city that murdered her best poet.

Or maybe, I should say;

Granada, the beautiful city that murdered her best poet.

Granada: the beautiful killer of poets.

Granada, creative city,

Granada, city of disdains.

Ancient godess of beauty,

and of wars.

Granada, that old and lovely killer of poets.

Granada: Nobody’s city.

From Nobody’s City and Other (Dis)(en)chantments

‘Manos cortadas’, Federico García Lorca 1935 Legado de Jean Gebser.

By Armida Read

Ahora quiero hablar de ti, Granada:

la ciudad que asesinó a su mejor poeta.

O quizá debería decir:

Granada, la bella ciudad que asesinó a su mejor poeta.

Granada: la bella asesina de poetas.

Granada, ciudad creadora y ciudad de tretas,

vetusta diosa de guerras y de belleza.

Granada, esa vieja y bella asesina de poetas.

Granada: la ciudad de nadie.

De Ciudad de nadie y otros (des)(en)cantos

Traducción: Mar Martínez Leonard

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Monolito en Barranco de Víznar

TWO PEAS IN A POD — Como dos gotas de agua

Caprice V, Karen Drupree Cruz

By Armida Read

The following months were very sad and tedious. I would often look at the sky skeptically lost in thought. I missed Milan so much that I spent the days locked in my apartment, listening to the radio. My head went over the possible causes of his disappearance about a million times, always to conclude that whatever the cause had been, I had to let go. However, I couldn’t take him out of my mind. 

More interesting, being an atheist, I began going to church. I needed some answers, to feed my soul with bible messages, to reencounter peace and beauty. And by attending services regularly, I learned that God grants you wishes if you have faith and you know how to pray. The truth is I didn’t have any faith. So I started to pray, just in case. 

One evening I was heading to the market for a soda, looking at the sky as usual. When I looked back down, I almost fainted. In front of my eyes, I saw an angel-like being. He would be better described as Milan’s double coming out of the market. As he opened the door, I could see that he was carrying a pack of beer under his arm (an eighteenth pack, of course). Well, his taste for alcohol seemed to differ from what I was used to, but I didn’t know that two men could look alike so much. With elegance and speed, I inspected him to conclude that I wasn’t dreaming. I also concluded that he liked me. Third conclusion, he was kind of fast. We exchanged four words and that was it: 

-Corona.- I said. 

-Yes, my favorite. 

When I came out of the market, he was still at the door waiting for me. It was raining. Next, he walked me to church and, when we said good bye, I had to twist my face so he wouldn´t french kiss me in front of the lord’s house. As I said, I am an atheist. But from that day, I believe in miracles.  

(From Winter Fictions ) Contact the author: armida.reed@yhaoo.com

Miami Night, oil painting with palette knife-Miami de noche, pintura al óleo con espátula, Leonid Afremod

Por Armida Read

Los meses siguientes fueron muy tristes y tediosos. A menudo miraba al cielo escépticamente perdida en una nube de recuerdos. Extrañaba tanto a Milan que me pasaba horas encerrada en mi apartamento escuchando la radio. Repasé mentalmente las posibles causas de su desaparición alrededor de un millón de veces, siempre para concluir que, cualquiera que hubiese sido la causa, tenía que olvidarlo. Sin embargo, no podía sacármelo de la cabeza. 

Más interesante todavía, siendo atea, comencé a ir a la iglesia. Necesitaba respuestas, alimentar mi alma con mensajes bíblicos, reencontrar la paz y la belleza. Y oyendo misa regularmente aprendí que Dios concede deseos, si tienes fe y sabes cómo rezar. La verdad es que yo no tenía ninguna fe. Así que empecé a rezar, por si acaso. 

Una tarde, iba en dirección al supermercado a comprar una gaseosa mirando al cielo como de costumbre. Cuando volví a mirar al suelo, casi me desmayo. Delante de mis ojos había a un ser con forma de ángel. Podríamos describirlo mejor como el doble de Milan que salía del supermercado. Cuando abrió la puerta, vi que llevaba una caja de cervezas bajo el brazo. De dieciocho botellines, naturalmente. En realidad, su gusto por el alcohol parecía diferir un poco del que estaba acostumbrada, pero no tenía ni idea de que dos hombres podían parecerse tanto. Con elegancia y velocidad, le inspeccioné y concluí que no estaba soñando. También concluí que yo le gustaba. Tercera conclusión, era más bien rápido. Intercambiamos cuatro palabras y fueron suficientes. 

-Corona –dije yo. 

-Sí, mi favorita. 

Cuando salí del supermercado, él todavía estaba esperándome en la puerta. Estaba lloviendo. Después me acompañó a la iglesia, y cuando nos despedimos, tuve que girar la cara para que no me besara en la boca delante de la casa del señor. Como ya he dicho, soy atea. Pero desde ese día, creo en los milagros. 

(De Winter Fictions (Ficciones de invierno)) armida.reed@yahoo.com

Traducción: Mar Martínez Leonard

Cerca — CLOSE

Imagen: Sulayr Egea, Cerca de ti, óleo pastel
https://www.instagram.com/sulayr_etxea/

Por Robert C. Fernández

En un mundo nuevo, no habría dolor, o eso creíamos durante vidas enteras. ¿Cómo no iba a ser ésa la aspiración más sensata?  Sentados en el banco de siempre, y angustiados como nunca, nos mirábamos sin vernos, como ya nos pasaba desde hacía un tiempo.

Me lo había dejado entrever semanas atrás, en un nuevo silencio, tras el coito habitual. Yo esperaba su palabra, pero no llegó, o sí, pero a destiempo, cuando ya no cabía entre los dos nada que no fuese un adiós. Pude presenciar entonces, como nunca antes, lo que hacía tanto se había ido, y supe sin preguntar lo que nadie me podría haber asegurado sin mentir. 

Lo miraba y lo  veía de nuevo, mientras le daba las gracias y me despedía. No recuerdo si usé palabras o gestos, si lo hice de verdad o solo lo imaginé (aunque sé hace poco, pero lo sé con certeza, que es una ficción pretender saber todo de las cosas con la intención de estar segura de no equivocarme). Y aunque él lo dijese primero aquel día en la cama con su silencio, yo lo supe justo antes en esa misma cama, y junto a él, con el mío. 

Sentados en nuestro banco, cara y cara y sin protección, volvimos a sentir durante dos minutos lo que hacía ya meses se había ido. Descubrimos entonces que nos queríamos lo suficiente para dejarnos ir, a la espera de una nueva primavera repleta de ilusiones tras un invierno vacío de esperanza. 

¿O acaso sabemos de algo mejor, o distinto al dolor, para seguir confiando en el amor? 

Más relatos de Robert C. Fernández: https://robertfernandezblog.wordpress.com/

Image: Sulayr Egea, The Kiss, pastel oil sulayregea@hotmail.com
https://www.instagram.com/sulayr_etxea

By Robert C. Fernández

In a new world, there would be no pain, or we believed so for lifetimes. How could that not be our most sensible aspiration? Sitting on the usual bench, and distressed like never before, we looked at each other without seeing one another, as we had been doing for some time.

He had let me glimpse it weeks ago, in a new silence after the usual intercourse. I waited for his word, but it didn’t come. Or it did, but at the wrong moment, when there was no room between the two of us for anything else than a goodbye. I was then able to witness, like never before, what had been gone for so long, and I knew without asking, what no one could have assured me without lying.

I looked at him, and saw him again, while I thanked him and said goodbye. I don’t remember if I used words or gestures; if I really did it, or I just imagined it (although I learned recently, but I know for sure, that pretending to know everything about things with the intention of being sure is a fiction.) And even if he said it first that day, in bed with his silence, I knew it right before, in that same bed, with my silence.

Sitting on our bench, face to face, and without protection, we felt for two minutes what it had been gone for months. We discovered then, that we loved each other good enough to let go, waiting for a new spring full of illusions after a winter empty of hope.

Or do we know of anything better, or different, from pain, to continue believing in love?

Translation: Mar Martinez Leonard

THE FINAL HAND – La mano final

By Oliver Caspers

I do not know when I’ll be out of time,

I cannot say when I’m next in line,

I think too slowly for my thoughts

and all I own shall come to naught.

I can’t take you with me to the grave,

there is nothing in life that I can save,

for all that is, will eventually fade

be it natural or just man-made.

Be they Heart or Club or Diamond or Spade,

the hand is played,

no one can win.

The only sound above the din

of the voice inside my head,

is the splashing of a tear that’s shed

for what is lost and what is gained

by striking out against the grain,

instead of simply listening

to the silence that’s inside the din.

Author’s reading

Oliver Caspers The Final Hand

Por Oliver Caspers

No sé cuándo se me acabará el tiempo,

no puedo decir cuándo soy el próximo en la fila,

pienso demasiado lento para mis pensamientos 

y todo lo que poseo se convertirá en nada. 

No puedo llevarte conmigo a la tumba,

no hay nada en la vida que pueda salvar, 

pues todo lo que es, al final se desvanecerá 

ya sea natural o solo hecho por el hombre.

Ya sean Corazón, o Trébol, o Diamante, o Daga, 

se juega la mano,

nadie puede ganar. 

El único sonido por encima del estruendo 

de la voz dentro de mi cabeza, 

es el ruido de una lágrima que se derrama 

por lo que se pierde y por lo que se gana 

golpeando contra la corriente 

en lugar de escuchar simplemente 

el silencio que hay dentro del estruendo.

Traducción: Mar Martínez Leonard

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